SONETOS

 

                         I                                                                                            

 

Casi era Dios aquella primavera

Interpuesta entre el viento y la llanura.

Era la última vez de la aventura

Y la primera vez de la quimera.

 

Casi era Dios porque en la rama muerta

Vencida por inviernos ya pasados

Brotes como candiles agitados

Surgían cuando abríamos la puerta.

 

Casi era Dios y el cielo mi guarida.

En mis manos el soplo de la vida

Y en mis ojos el sol como una llama

 

Determinando en luces  la mañana.

Casi era Dios aquella primavera.

Decía rosa y la rosa era.

 

M R Meléndez

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