EL PINO
Solo y desheredado,
en día gris
más tétrica figura,
el árbol por el rayo
incinarado
presta ausencia y silencio
en este huerto
de verdes tan poblado.
La grácil rama
¡oh tiempo!
¡oh infortunios!
de esplendorosa vida
a seca nada,
en tumba de sí misma
trastornada.
Mas,
sopla el viento
y, émulo de Orfeo,
-escucharas,
hermana-
la torna en dulce lira
y suena y canta
y en oración perfecta
se derrama.


