El don

El don

 

La tarde dijo al ruiseñor:- ¿Qué quieres?                                                                              

Las bellas alas y el volar lo tienes,

 

La libertad del aire y las alturas,

Los sollozos del viento ensimismado,

Y en las frondas del bosque, coronado

El nido con arrobos de ternura.

 

-         Quiero cantar – repuso el aludido-                                                  

Más profundo que el mar entredormido,

 

Ebrio como el rocío en brazos de la rosa,

Cuando el sol en el lecho del ocaso reposa.

 

Cantar como los ángeles del coro celestial

Con dulzura inefable y un sereno sentir

Trinos que nunca nadie pudiera repetir.

Como nadie cantara en el mundo…¡ cantar!

 

-         Sea- la tarde dijo- complaciente

La llave de la música y del alma tendrás.

Cuando en violetas muera mi sombra dulcemente

Como nadie ha cantado, cantarás.

 

El hombre melancólico llorará con tus voces,

El alma enamorada amará tanto más,

El místico arderá en divinos amores,

El poeta tu nombre, eterno, labrará.

 

Pero, recuerda, junto con el don de tu canto

Tu corazón abierto conocerá el espanto:

Tendrás los sentimientos que despiertes, en ti.

Nunca reposará la llama que encendí.

María Rosa Meléndez

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