Doña Vida

Doña Vida

 

Sentadita y morosa en la vereda

La vieja se despide de cuantos pasan.

Piensa “¿volveré a verte, tarde, despierta?”

Y se pone infinita su perruna mirada.

 

Las nietas le han rogado “Abuela,¡acuéstese!,

Duerma un rato la siesta que está cansada!”

“Ya dormiré bastante”, piensa, y se queda

En el sillón despierta y empecinada.

 

“Quién sabe si al dormirme, me quede quieta

Para siempre y el barrio tenga campanas…

Vendrán a mi velorio todos mis hijos,

Mis vecinos, comadres, en caravana.

 

Llevarán mi cuerpito por la avenida

Rogándole a la Virgen de la Esperanza.

Después me dejarán bajo los pinos

Y oculta entre los muertos, ya seré nada”.

 

Mandó plantar rosales en la vereda

Para ver los capullos mientras siesteaba.

Pero el invierno quiso secarlos todos

Por más agua y abono que les echara.

 

Se enojó con el tiempo (que no da flores)

Y con los transeúntes que saludara,

Con sus nietas cargosas, con sus vecinos

Y le pidió al silencio que la llevara.

 

María Rosa Meléndez

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