Cómo decirte que no descubriste
Ni la lluvia ni el diamante.
Que no paseaste conmigo debajo de un paraguas
Por las tristes calles de allá quien sabe dónde,
Que no corriste por el tren
Con un pimpollo marchitándose.
No estuviste entre los campos y las palabras
Ni bebiste el elixir de mis bares,
No combatiste por la libertad
Ni lloraste de amor.
Sin embargo, te sientas y decides.
Como hacerte ver las tardes tristes
Del andén
Y los soles derramados entre las frondas
Si no eres más que un libro gris
Escribiéndose su propia historia,
Un desteñido paisaje de pixeles,
Bravucón informático, ramo de cables,
Cómo abrumarte con el perfume de los lirios morados
Si te cansan los mensajes de texto,
Cómo invitarte a caminar por la costanera de las emociones,
Sin naufragios ni playas.
No obstante, levantas la mano
Y mil niños con errores ortográficos
Inundan tus frágiles banderas sin vientos.
Qué dioses te mudarán las ropas,
Te pintarán las arrugas de tu rostro invisible.
Ayúdame a comprender esa sonrisa tonta
Que se desliza entre la sombra de inútil broma.
Espérame en el final de mis experiencias
Con tus desabridas noches virtuales,
Y cuéntame el secreto de tu poder.
Yo podría contarte cómo junté los ladrillos
De mi existencia
Para armar mis sueños siderales.
Cómo decirte que no eres más
Que el manubrio de una vieja bicicleta
Disfrazada de ovni.
Atiende a los pegasos.
Todavía vuelan embriagados de altos abismos
En el corazón de la vida.
Puedes perder mis recuerdos
Pero no sobrevivas sin el aliento del fuego.
No congeles los ángeles
De los que se sientan a escuchar tus sentencias.
No te sigas creyendo el mensajero
Porque ninguno de nosotros
Te entregó una carta.

