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Ronda de Mayo

 

En la mañana  de mayo

Dos señoras se encontraron.

Una soñaba el futuro.

Otra soñaba el pasado

 

-          Hola, señora de Mayo

Toda vestida de historia.

¿Qué se siente esta mañana

Entre el otoño y la gloria?

 

-          Siento el corazón de acero

Para avivar en la Plaza

Y el miriñaque apretado

Porque la emoción rebaza.

 

-          ¿Y sabe usted, ciertamente,

Que es lo que pasa, señora?

-          Eso estamos preguntado

Mulatos, dones y doñas.

 

Sin embargo sospechamos,

Por lo que fue la semana,

Que esta vez será muy noble

La decisión esperada

 

Porque allí adentro se encuentran

Moreno, el jurisconsulto

Y Belgrano, otro abogado

Que entienden de estos asuntos.

 

Alberti, que es orador

Y Paso, buen comerciante,

Como Larrea y Beruti,

Caballeros de los de antes.

 

Saavedra, el gran militar:

Reunidos todos están

Y ya nos van avisando

Que una junta formarán

 

Y será el gobierno patrio

Donde nazca la Argentina

Como un nido de esperanzas

Y de provincias unidas.

 

-          ¿Y que espera usted que ocurra?

Si se puede preguntar,

Cuando pasen muchos años

Y nuestra Patria eche a andar?

 

Espero que nuestros sueños

Siempre los sepan guardar,

Porque será duramente

Peleada la libertad.

 

Y la libertad solita

No tiene nada que hacer

Si no le ponemos alas

Para pensar y crecer.

 

-          Es cosa fácil señora

evocar nuestro pasado

-          Segura estoy que el futuro

Tendrá discurso y feriado .

 

Democracia y tres poderes

Y  leyes que respetar

Con honestos  ciudadanos

Que gusten de trabajar,

 

Sinceros representantes

De la clase popular

Y educadores centrados

Que la quieran educar.

 

-          Señora,  qué bien que suena

Su esperanza y su decir

Tal vez encontremos eso

En la Patria por venir…

 

Pero si no lo encontraran

Por egoísmo o ruindad

¡Qué pena me da esta plaza

Y su hambre de libertad!

 

En la mañana  de mayo

Dos señoras se encontraron.

Una soñaba el futuro.

Otra soñaba el pasado.


Aquí y ahora

 

No soy aquí.
Soy la casa en la calle de tierra
la ventana al sur
con su luna profusa entre desvelos
y la florida glicina cayendo
sobre una mesa con gatos y cuadernos.

No soy ahora.
Soy calcinantes veranos
de paso sigiloso por las piedras
de los días migratorios
entre caliza tristeza.

No soy aquí.
Soy eucaliptos y trigales
viejo muro de iglesia
jardín de salsivieras tesoneras
soy aljibe con ecos de tormentas.

No soy ahora.
Soy niños de cambiantes ilusiones
frías mañanas como azules lobas
que aúyan en las horas de la gracia y la pena.

No soy aquí.
Soy la escalera de caracol
el olor a frascos con brotadas batatas.
Un baño convertido en sala de torturas.

No soy ahora.
Soy esas horas del dolor y la tortura
que me regaló Juana, la abuela desalmada,
negro derrumbe de la infancia con frutillas
en aquel piso de la calle Uriburu.

No soy aquí.
Soy medievales abadías y castillos con heraldos
donde labran acero
ocultas bibliotecas en silencio
perdidos puentes entre densos bosques.

No soy ahora.
Soy tiempos con juglares
enamorados de la cuadernavía
y barbudos cruzados que cabalgan
por los verdosos campos del todavía.

Grecia

Cada ave que surca el cielo

Cada pequeño pez de los océanos

Y los insectos y las grandes bestias

Cada tímida flor

Cada semilla

Y el músculo y el nervio de los hombres

Y las altas estrellas…

Todo lo comprendiste y compendiaste

Y le diste su nombre y su elocuencia.

De tus días de fiesta

Nació la música y el verso abrióse

Como una rosa eterna

Y en los caminos

Ciegos caminantes

Soñaron epopeyas…

Nos explicaste el mundo

Más que el mundo

La causa

La íntima trama del amor y el odio

La máscara y el ser

Y su tragedia…

Deja que caiga la lluvia

Madre

Sobre tus volcanes

Y tus mares azules

Sobre tus recuerdos de piedra

Preñada de pensamientos

Deja que caiga la lluvia

Y lave tu sabio corazón

Y tus bucles de mármol…

Toma nuestro sereno abrazo

Madre nuestra

Bendeciremos con manzanas de oro

La pena que te aqueja…

De ti partimos y a ti volveremos

Después de recorrer el mundo que nos diste

Y nos arrancaremos los ojos

Por no ver tu herida

Divina madre Grecia.

GABRIEL

Avanza la luna
en la tarde húmeda
en el cielo del patio
fundador de sueños.
Las flores amarillas
del árbol de tu infancia
se han reunido en su seno.

Como un cuento olvidado
caminan las hormigas
sobre el altar del tiempo.
Y en las sombras azules
se dilatan mis ojos
buscando tus recuerdos…

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un reporte para el año 2011 de este blog.

Aqui es un extracto

Un tren subterráneo de la ciudad de Nueva York transporta 1.200 personas. Este blog fue visto alrededor de 6.100 veces en 2011. Si fuera un tren de NY, le tomaría cerca de 5 viajes transportar tantas personas.

Haz click para ver el reporte completo.

La casa

La casa
 
Redondeará su hostilidad el barrio
procurando secuestrar la luz de mis laberintos.
Silencios emergerán de ocultas conclusiones
Develadas al amparo de alguna cocina o algún patio
Y convertidas en ilustrada indiferencia
Pasarán por mi vereda ahuyentando gorriones.
Así transcurrirán veinte años.
O más.
Yo
Rodearé con mi cinta verdilúmina
Tu cintura ordinaria
Y sembraré tus anchos brazos
Para alcanzar la tarde con árboles y flores.
Me darás la gracia de una rama florecida
Y la risa de mis hijos en el agua
Y después
En el sillón hamaca
Sus sueños ebrios de oro.
Cobijarás el viaje de las palomas mensajeras
Y suavizarás los vientos y las sequías.
Tú envolverás mi vida
Distante
Y triste
Hasta que me parezca familiar el tiempo.

(de Construcciones) María Rosa Meléndez

Oda al tiempo

Oda al tiempo



Labrada por el aire

De la tarde

Vuela en dos alas

La pregunta

Es inestable, se detiene y regresa

Y salta sobre sí misma

Como un carbón en llamas

El dolor del tiempo

Nace entre neurasténicas flores

Se estremece con el llamado de la noche

Y es un abismo de sentidos arremolinados

Bajan a lo hondo de la experiencia

Y resucitan en mis mortales manos

Mientras ya desaparecen mis pertenencias

Y mis amigos.

Llegan inocentes y crueles

Los nuevos propietarios de la risa.

Ellos navegarán el mismo río.


(de Construcciones)María Rosa Meléndez


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